Carne para pocos
Los 53 kilos de carne vacuna con los cuales hemos cerrado el año 2011, constituyen uno de los registros más bajos de la historia. ¿Han cambiado los hábitos de los argentinos? Para nada, sólo es una cuestión de falta de dinero. La pizza es el reemplazo para los compatriotas que no pueden darse el lujo de comprar un bife al menos una vez por semana.

En abril del año pasado, el gobierno lanzó el Plan “Carne para Todos”, que ofrecía el kilo de asado a $ 10,50, el bife ancho a $ 11,80, la carne picada a $ 6,92 y la cuadrada para milanesas a $ 13,13. Hoy, la realidad indica que hasta en el Mercado Central, feudo donde el inefable Guillermo Moreno que te “sacachispas” (perdón por el disloque futbolero, pero el supersecretario tiene ahora un club en la cuarta categoría del fútbol argentino asociado al MCBA), el asado vale $ 20, el bife ancho $ 18, la picada $ 20 y la cuadrada $ 24. Y en las carnicerías de tu barrio o en el super, donde las ofertas de descuentos no alcanzan generalmente al sector carnes, los precios están como mínimo tres veces por encima de los valores que anunció el gobierno.
La realidad del mercado indica que hay menos oferta, se vende poco en el ámbito local, y encima bajaron las exportaciones por la intervención estatal y por la grave crisis económica financiera que atraviesan nuestros principales compradores europeos. Por todo eso, acabamos de conocer la noticia del cierre del Frigorífico Swift, en Venado Tuerto, donde quedarán en las calle más de 500 trabajadores, salvo que alguna empresa les arriende las instalaciones a sus actuales propietarios brasileños.
De manera que la preocupación de proteger “la mesa de los argentinos” no ha dado resultados positivos. La hacienda es costosa porque hay poca oferta, pero al mismo tiempo la demanda local y externa ha decaído en forma preocupante. En 2009, cada argentino comió nada menos que 63 kilos de carne bovina, registro que bajó a 56,7 en 2010 y a poco más de 53 kilos el año pasado. Sin ir muy lejos, el vecino Uruguay exportó más carne que la Argentina en los dos últimos años (increíble dada la pequeña escala del “paisito”, como se lo llama cariñosamente a los del otro lado del río de la Plata). Y hoy también son los orientales los que ostentan los registros de consumo más altos de carne vacuna del mundo. Funcionarios argentinos, preguntarles a los frenteamplistas Tabaré y Pepe Mujica cómo hicieron.
Ahora bien, ¿cómo han reemplazado los argentinos a su emblemático producto, el del asado del domingo, el relleno para las empanadas, las milanesas de cuadrada y la carne picada para las hamburguesas? Podría decirse que con el pollo, cuyo consumo ha crecido notoriamente de 25 kilos per cápita a casi 40 en los últimos tres años. Esta industria ha tenido trato preferencial del gobierno, y además criar un pollo hasta su faena demanda cada vez menos días, en tanto que un novillo o una ternera requieren casi tres años para estar terminadas.
Sin embargo, si nos atenemos a un estudio realizado en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires, a fines de 2011 había 650 pizzerías dentro del territorio capitalino, contra 780 parrillas. Según un estudio del Laboratorio de Turístico de la Ciudad de Buenos Aires, en dos años habrá más pizzerías que parrillas en el ámbito porteño. Según la misma fuente, en la ciudad se consumieron el año pasado cerca de 14 millones de pizzas. La ecuación es muy simple: fuera de casa se come más pizza que bife de chorizo, ya que en el hogar hay un poco más de “rebusque” con los cortes económicos. En este contexto, lo mejor que se puede hacer es darle incentivos al sector ganadero para aumentar la oferta. Y con un mercado superabastecido liberar las exportaciones. Pero… es difícil pedirle peras al olmo.