Maridaje no, Adulteraje si
Todos dicen que la palabra maridaje no queda bien, que no explica suficientemente lo que se quiere decir. Pero igual todos la siguen usando. Fondo de Olla propone un nuevo concepto. ¿Vos de qué lado estás?

El término le sirve a los periodistas para hacerle más difícil las cosas al consumidor, a los sommeliers para demostrar que saben mucho más que un mortal común y corriente, a los que quieren conquistar a una mujer para darse aires de sabiduría, en fin, el maridaje no nos gusta pero está ahí, omnipresente. Tal vez estemos ante un caso parecido al del champaña criollo, no tiene un nombre propio “argentino” que lo identifique (como el cava español). Hasta hace una década, el “maridaje” era apenas una simpleza como señalar que con carne roja va vino tinto, y con carne blanca, vino ídem. Los Fondo de Olla nos estaremos enfrascando en una cruzada para que la Real Academia Española reconozca la palabra “sánguche” en lugar del flemático y british “sándwich”. Pero ahora también propongo que hagamos una cruzada por la aceptación del término “adulteraje”.

Menos palabras y más disfrute (Foto: Shoot Art, Not Each Other)
Si maridaje viene de marido, adulteraje surge de adulterio. Ergo, el adulteraje es un maridaje de trampa, que es capaz de que uno se mande para adentro un Torrontés con achuras (recomendación del amigo y colega Gustavo Choren) o que también nos tomemos un Cabernet salteño (por seguir la onda) con un pescado equis. Antes que nada, quiero decir que para mí el maridaje de aguas con comidas no puede ser adulteraje (más bien, creo que es una estupidez rayana con la hoy de moda agricultura biodinámica). Me importa un bledo que me recomienden un agua, para una o mil comidas, si todas son incoloras, insípidas, insaboras, todo “in”). Con la cerveza tampoco haría adulteraje, la tomo porque me gusta y sobre todo cuando hace mucho calor, siempre con pizza, salchichas, chucrut garnie, jambonon, etcétera. Y nada de cervezas acuosas como la Quilmes Cristal. Yo me quedo con la Pilsen y la Zillertal uruguayas (que se consiguen en Jumbo y Disco). O las artesanales, aunque a veces se las va la mano con los precios.
Entonces dejémonos de joder con el maridaje porque las más de las veces las explicaciones que nos dan no tienen ningún sustento racional. Es mejor dejarse llevar por el instinto y el gusto personal que por elucubraciones metafísicas. Nos preguntamos también si son los enólogos los que hablan de maridaje en las contraetiquetas de los vinos. Porque si es real, habrá que decir que ahora también los “winemakers” ingresaron al chanterío gastronómico. Viva entonces el adulteraje, que no tiene dogmas, que es mucho más pragmático. Te gusta o no te gusta. Eso es lo que debe prevalecer. Por las dudas, aclaro, que yo sólo cometo adulteraje con los vinos, porque sino mi mujer me mata.
¡Contanos cuál es tu adulteraje favorito!
Nota relacionada: El verso sobre vinos
Foto: Flickr / Jonathan Cohen
Muy buen blog, me hace reír mucho…
Mi adulteraje: sardinas, pan tostado y un vino blanco dulce .