(Nerón y yo) Mi perro es periodista gastronómico

¿Qué otra profesión elegirá Nerón?
Lo que temía desde hace varias semanas, finalmente sucedió. Desde que es sommelier, mi perro comenzó a devorarse (y no es que se coma el papel, porque como les dije Nerón es gourmet y no engulle cualquier cosa) todas las revistas gastronómicas que están en plaza. Parece que le gustó la cosa, porque anoche, después de una breve recorrida fisiológica por las calles del barrio, empezó a mover la cola. Mala señal. Ya se imaginan: “Quiero ser periodista gastronómico”, me dijo. Yo apenas atiné a decirle: “Zapatero a tus zapatos”. Pero el perro es más obstinado que el dueño, y me respondió: ¿Acaso ahora los sommeliers no escriben en las revistas? Pues bien, si los periodistas tuviéramos el mismo celo profesional que los hombres y mujeres de negro, éstos no estarían escribiendo en ningún lado. Pero a los propietarios, directores, editores y secretarios de redacción, no les preocupa demasiado que los sommeliers no sepan escribir, total siempre hay un periodista que los corrige, los edita, hasta les reescriben los jeroglíficos y desaguisados gramaticales originados en la Sommellerie. Y ellos se llevan las palmas. Me rendí a la lógica perruna. Nerón tiene razón. ¿Por qué otros sí y él no? Es que me dijo: “mi dueño es periodista, conoce el campo, a los productores, a los empresarios gastronómicos, a los cocineros, a los mozos, a los consultores de prensa y a los colegas, tengo el problema solucionado”. Y ya me comprometió a corregirle las notas, ahora terminaré poniendo mi prosa para un perro, nada menos. Sólo espero que tenga el mismo “olfato” periodístico que su patrón. Al menos, ya con el hecho consumado, lo mandé para el campo.
Luego vendrá el tiempo de los consejos, que más que técnicos serán de cómo manejarse para no perder el prestigio. Que primero tendrá que ganárselo. Nerón no podrá ir a la Facultad de Agronomía, claro está. Pero al menos, mis amigos productores le enseñarán lo básico. Convivirá con las vacas que comen pastos naturales, también las de feed-lot, pisará los campos del “yuyo malo” (digo la soja)… Después de ver cómo se mata un chancho y se hacen chorizos caseros, tal vez lo inviten a comer un asado, la única macana es que a mi perro le gusta la carne más bien crudeli, pero los chacareros comen suela de zapato. Igual el negrito no le hace asco a nada. Después Nerón va a rumbear para las bodegas, sobre todo para enterarse de qué es eso de la acidez volátil y la maloláctica. Me olvidaba, él ya lo sabe porque es sommelier. Entonces seguro que va a preguntarle al enólogo de turno qué acidez volátil tiene tal o cual vino. A mí no me importa mucho, la verdad, pero seguro que Nerón va a ganar puntos, él necesita escalar en la profesión. Preguntar por la acidez queda chic. Finalmente, tras comerse unas moscas en un viñedo biodinámico (que está lleno de bichos, lógico, además allí el granizo pasa de largo), rumbeará de nuevo para Buenos Aires. Lo voy a llevar a muchos restaurantes.
Por las dudas, le daré algunos consejos:
1) Nerón: no te hagas invitar nunca, total te van a invitar y así no quedás mal, si tu revista no te paga la cuenta, no vayas; hacé el restó que vos quieras ya que si tenés que pagar, hacelo en el que a vos te gusta y no donde te quieren mandar.
2) Siempre pedí la cuenta, porque dicen haber visto a colegas que se comieron todo y se tomaron lo más caro, y luego se levantan y dicen “tinellianamente chau chau”, haciendo gestitos con las manos levantadas.
3) Nunca pidas lo más caro, así te respetarán (me acuerdo de un colega que pidió un vino de miles de euros en un castillo francés, invitado por bodega franco argentina amiga de lo fashion. Que se jodan, la culpa no la tiene el chancho).
4) Dejá de criticar cualquier cosa y de quejarte de todo, para llamar la atención.
5) No llegues siempre tarde, también para llamar la atención.
Bueno, no quiero hacerla larga, porque seguirían las recomendaciones bastante tiempo y la lista es extensa. Con el hecho consumado, Nerón ya se siente un periodista-sommelier hecho y derecho. Una última cosa: tengo un miedo terrible de que mi perro se haga adepto a la biodinamia. Para colmo, me dijo recién que lo invitaron a una comida no transgénica. “¿Qué decís?”, le pregunté. Nerón, tenés que saber que transgénicos son la soja (casi no se consume en el país), parte del maíz y el arroz, algo de colza y algodón (aún no lo probé). De manera que cualquier comida que no tenga estos productos, será no transgénica. ¿Qué quieren etiquetar entonces? (Ver Slow Food y la Izquierda Caviar) Si ya sabemos qué es transgénico y qué no.
Nerón acaba de mostrarme su primera nota. Tan mal no está, se la corrijo y chau. Y suerte que no habló de maridaje, debe ser porque a mí perro le da lo mismo, al vino él sólo lo huele y no es capaz de decir que encontró aromas al Riachuelo de los 1.000 días de María Julia. Ni le preocupa si a este plato le va mejor el Syrah de 15 ó de 18 meses de barrica. Sabe que eso me enoja mucho. Y tiene temor de que no lo ayude a corregir las notas.
Nota relacionada: Mi perro es sommelier
Muy buena la nota del perro, es verdad, ya cualquiera escribe. Ahora, yo me pregunto ¿Donde estudiaron los periodistas gastronómicos que escriben en los medios?¿ Acaso los Miguel Brascó, Fernando Vidal Buzzi, Alicia Delgado, Elizabeth Checa, etc., etc., estudiaron gastronomía en algún lugar para creer que tienen tanta propiedad para hablar?
Excelentes los consejos!!
Tu perro será sommelier y periodista gastronómico pero yo, Lupito, soy un perro gourmet.
Y además, bolichero y muy bien recibido en restaurants y bares por cierto, a cuerpo de rey.
FELICIDADES A NERON EN NUESTRO DIA!
LUPITO
Respecto a lo que dice Héctor, soy de los que piensan que no hace falta recibirse de periodista en ninguna escuela. Pero sí hay que tener una base de conocimientos y aprender el oficio en la calle, el café, la redacción y la relación diaria con la gente. También hay que saber escribir, porque eso se trae en los genes, más allá de que todo es perfeccionable en la vida. Creo de todas maneras, que en el periodismo gastronómico argentino hay un gran desconocimiento de lo que es la producción, muchos colegas no han pisado un campo, no han visto una vaca viva de cerca y jamás se embarraron los pies en la chacra. Y por último, me alarma la confusión que existe hoy por culpa de lo fashion, lo pretencioso, la soberbia de algunos que se la creyeron. Como dice la colega Fanny Polimeni, somos privilegiados que vamos a comer a lugares donde poca gente tiene acceso y nos atienden a cuerpo de rey. Pero después volvemos en colectivo porque no tenemos plata para el taxi. ¿Para pensarlo, no?
¡ Felíz día Nerón !
Nerón, mi gato León está de acuerdo con vos… Dice que cuando quieras salen de copas y comparten opiniones.
Uy, no le gustan los gatos, dice que largan mucho olor a pis. Para el Sauvignon Blanc está muy bien (porque es un descriptor de la cepa) pero le arruina el olfato para las demás… variedades. ¿Acaso no tendrás una perrita?
No te entiendo Juan Carlos, te molesta que escriban los Sommeliers (yo no lo soy), pero no te molesta que escriba alguien que solo le gusta morfar de arriba y describir al plato, servicio o restaurant, como si fuera un Gran Cheff , Cocinero o Maitre. Insisto, que formación profesional, en que Universidad, Academia o Centro de Capacitación, estudiaron estas personas para criticar como eruditos?.
Estimado: no sólo hay que saber escribir, sino también leer, me molesta que escriba quien no es profesional, quien no investiga, no estudia, tampoco quien no tiene ética. Espero que releas la nota y verás que yo no digo lo que vos decís que yo digo.
Si mi interpretación de tu nota es incorrecta, te pido que aceptes mis disculpas. Mi planteo en definitiva es, que se puede ser Sommeliere y escribir bien o mal, tanto como que se puede ser crítico gastronómico, y poseer o no las mismas condiciones frente al teclado, lo cual, no justifica sus conocimientos. Mi molestia, para con ellos, es por la enorme soberbia que poseen y la creencia de que son poseedores de la última palabra.
Coincidimos que la soberbia no es buena, venga de donde viniere, ya sean sommeliers, periodistas, cocineros. El problema es que haya lugares donde les enseñan a serlo, como si ello fuera parte de la profesión misma.