Para que no crean que sos un pescado
Es conveniente que el consumidor conozca cuáles son los signos de alteraciones primarias de los productos que compra en la pescadería. De esa manera se asegurará comer productos frescos, ricos y sanos

El "olor a pescado" señal inequívoca de que algo no está bien
Por ejemplo, el clásico “olor a pescado” no debe existir. Esto se produce por liberación de una sustancia (trimetilamina), originada por una producción ya descontrolada de nitrógeno amoniacal. Las escamas deben presentarse brillantes y de implantación fuerte. Los ojos deben verse traslúcidos, húmedos y no hundidos.
Las branquias deben ser de rojo brillante. El cuerpo debe mantener la consistencia que le es natural a casi todos los seres vivos (después de presionarla, debe recobrar su forma). Debe tenerse en cuenta que el peso específico del pescado es tal, que se hunde en el agua. La formación de gases a partir de la proliferación de las bacterias, es lo que lo hace flotar.
En relación a los moluscos, por ser mucho menos móviles, así como el hecho de ser filtrantes por naturaleza, los transforma en una muestra cabal del agua que los circunda. Deben capturarse en aguas limpias (lejos de los centros urbanos), y libres de plancton tóxico, más conocido como “marea roja”. Por eso, al momento de la compra, es muy importante que en el caso de los moluscos vivos provengan de una planta depuradora (que imita el hábitat marino, como la de Regente S.A.), y para el pescado, que sea de establecimientos supervisados por el SENASA, para garantizar la total sanidad y seguridad para el consumidor.
(*) El autor es directivo de Regente, una de las principales empresas distribuidoras de pescados y mariscos. En esta columna exclusiva para Fondo de Olla, nos ofrece periódicamente información de utilidad para consumidor.
Fotos: Flickr / Kazanjy